Hemos señalado que la  nueva administración federal, que es heredera y  continuadora, entre otros,  de la política social implementada por el pasado  , tendrá el reto de  mantener y acrecentar el  legado que los mantuvo  en la presidencia y a la vez  equilibrar las deterioradas  finanzas públicas que les  dejaron. De entrada, reducir el déficit y la ,  pero más importante: no  dejar a las futuras administraciones a su suerte,  sin recursos suficientes para seguir operando. El financiamiento de  políticas de desarrollo  social a través de deuda  y déficit públicos es una  sentencia de debilitamiento económico y de  pauperización de la economía al futuro; es entrar  en un círculo perverso.  Mirar sólo el corto plazo o con la simpleza de  fines electorales y políticos como se hizo el 2024,  sólo llevó al incremento  del gasto en 8.2 por ciento en términos reales, el  mayor aumento anual en  todo el sexenio. 

Entre 2018 y 2024 el  gasto público pasó de 5.6  a 9.1 billones de pesos, un  incremento del 22.3 por  ciento en términos reales. El resultado de ello  no podía ser otro que un  aumento del déficit público, el cual pasó de 474 mil  millones de pesos a 1.66  billones, un aumento de  162 por ciento en términos reales, duplicando su  proporción del de 2.1  a 4.9 por ciento. 

Ciertamente no es nada  extraño que los gobiernos  de países de ingresos bajos a medios recurren al  financiamiento mediante deuda para implementar políticas de desarrollo  social, máxime en regímenes populistas como el  que tenemos. Entre 2018  y 2024, el Saldo Histórico  de los Requerimientos  

Financieros del Sector  Público (concepto más  amplio de deuda) pasó  de 10.5 a 17.4 billones de  pesos. Esto significa, en  términos del PIB, pasar  del 43.6 por ciento al 51.4  por ciento. 

Cabe resaltar que para  2025 el gobierno autorizó  elevar este monto a 18.6  billones, aduciendo que  con el crecimiento esperado de 2.5 por ciento real  en el PIB, el mayor endeudamiento permanecerá estable en relación  con el producto; sin duda  se tendrá que reconsiderar  este argumento. Resalta  de igual forma que el incremento en la deuda  sea equivalente al costo  financiero de la misma,  estimado en 1.4 billones,  lo que implica pagar deuda con deuda. 

El mayor endeudamiento del 2025 es equi valente al incremento en  el gasto en programas  sociales que será de 1.1 billones; es decir, el país contrata deuda para un uso no productivo, que no generará recaudación, recursos adicionales ni proyectos productivos. Ello no es más que una inadecuada práctica que conlleva un debilitamiento sistemático de la economía.

Es necesario que el endeudamiento se gestione adecuadamente y se utilice dentro de un marco estratégico que le dé sostenibilidad en el tiempo. Abusar de este recurso puede llevarlo a niveles insostenibles, porque afectará el ya de por sí deteriorado crecimiento económico y en última instancia termina perjudicando a quien se ha querido beneficiar, especialmente a los grupos de población vulnerables y de menores recursos.

Se requiere un manejo responsable y serio de la problemática que presentan las finanzas públicas. Si bien se tiene como objetivo reducir el déficit con ahorros y mayores ingresos tributarios, habrá que valorar los criterios y supuestos bajos los cuales se hicieron estos planteamientos, especialmente la ausencia de una reforma fiscal integral. Patear el balón tampoco debe ser un recurso válido.

El autor es presidente de Consultores Internacionales, S.C.®

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