Hemos tenido unas elecciones muy buenas. Se ha demostrado que la democracia mexicana goza de cabal salud. Una democracia con muchísimos problemas, pero democracia, al fin y al cabo. Lejos estamos de un régimen de partido hegemónico. La pluralidad existe en el país. La ciudadanía participa. Las instituciones funcionan. El voto cuenta y se cuenta.

Sí, estoy optimista después del domingo. Los mexicanos han votado a favor de limitar el poder del Presidente, pero también para extender la presencia de su partido en varios estados. Ni qué decir de los que han utilizado su voto para premiar y castigar a los buenos y malos gobiernos.

Es la primera vez, además, que el presidente López Obrador acepta derrotas en las urnas. Nunca lo había hecho en su historia. Ayer, muy responsablemente, aceptó lo que ganó y lo que perdió. Se dice fácil, pero es un gran logro que este personaje finalmente se comporte como un demócrata. A ver cuánto le dura.

Creo que, después de 25 años de democracia, este régimen ha echado raíces en nuestro país. Superficiales, pero ahí están. A pesar de las tentaciones de concentración autoritaria del poder, pervive un régimen de pesos y contrapesos.

Pero no todo es miel sobre hojuelas. Sería ingenuo echar las campanas al vuelo y no ver los grandes desafíos que tiene nuestra bisoña democracia. Hay muchas cosas que perfeccionar para que las raíces democráticas liberales se tornen más profundas. Menciono una de las que más preocupan.

El domingo, en las urnas, todos los partidos ganaron algo y, por tanto, también perdieron algo. El poder se repartió. Qué bueno. De eso se trata. Pero el gran ganador de la contienda fue el partido más tramposo. Me refiero al Partido Verde Ecologista de México (PVEM).

De acuerdo con los resultados preliminares, pasará de once escaños en la Cámara de Diputados a 44. Un crecimiento del 300 por ciento. Ningún partido tuvo un crecimiento porcentual de este tamaño.

No sólo eso. Con esos 44 legisladores puede convertirse en el llamado “partido bisagra” con capacidad de inclinar la balanza a favor del gobierno o la oposición.

Hasta ahora habían sido aliados del gobierno de López Obrador. La llamada “Cuarta Transformación” los va a necesitar aún más.

Morena, por sí solo, no tiene la mayoría absoluta (50% más uno) para aprobar las leyes y el presupuesto anual. Si el Partido del Trabajo (PT) sigue votando con el gobierno, la suma de estas dos fuerzas no alcanza para obtener la mayoría absoluta. Requieren, por tanto, del Verde.

El Verde que, una vez más, hizo trampas durante la jornada electoral. Como en elecciones anteriores, compró la publicidad de celebridades para que éstas subieran comentarios favorables de los verdes en sus redes sociales el día de la elección, lo cual está prohibido en la legislación. Pero estos tramposos ya saben que las autoridades les impondrán unas multas y sanseacabó.

El Verde, que siempre actúa como rémora de los poderosos. A principios de 2018 todavía apoyaban al PRI de Peña Nieto. A mediados de ese año, después de las elecciones, rápidamente se subieron al carro del ganador: Morena, de López Obrador.

El PVEM es lo peor que ha producido nuestra democracia. Una empresa mercantil que impunemente vive de nuestros impuestos. De los poderosos —partidos o empresas privadas— que los apapachan para conseguir su apoyo en el Congreso.

Qué vergüenza que los morenistas, comenzando por el Presidente, dependan de estos tramposos y corruptos para seguir adelante con su supuesta agenda de renovación de la política mexicana.

AMLO, que se dice cristiano, debería entender que su alianza con los verdes es como si Jesús se hubiera unido con los mercaderes del Templo. Una “cueva de ladrones”, como diría el profeta Jeremías, que ha pervertido la política mexicana hasta el tuétano.

Y sí, ya dijo uno de los líderes de estos mercantilistas, el senador Manuel Velasco, que el Verde tendrá que valorar su alianza con Morena. Nótese el verbo utilizado. De acuerdo con la Academia de la Lengua es “señalar el precio de algo”. Porque, efectivamente, a partir del domingo, subió el precio de kilo de diputado verde. Son más “valiosos”. El gobierno de AMLO depende de ellos para aprobar su presupuesto anual.

Además, ganaron la gubernatura de San Luis Potosí con un candidato impresentable. La prensa da cuenta de cómo El Pollo Gallardo es un mafioso local que ganó, al parecer, repartiendo carretadas de dinero.

Celebremos la democracia. Pero también corrijamos sus deficiencias, como que el gran ganador de la jornada electoral haya sido el partido más tramposo. Eso sí está del carajo.

 

           Twitter: @leozuckermann