Este cambio de cuatro segundos respecto a 2025 refleja un deterioro sin precedentes en la seguridad internacional, la estabilidad climática y la gobernanza tecnológica.

El factor más alarmante es el fin inminente del tratado New START entre EE. UU. y Rusia (previsto para el 5 de febrero de 2026), lo que dejaría al mundo sin límites en los arsenales nucleares por primera vez en medio siglo.

También se citan la orden del presidente Trump de revisar y potencialmente retomar las pruebas nucleares tras 30 años de moratoria, junto a las tensiones entre India y Pakistán, la guerra en Ucrania ylos recientes ataques de EE. UU. e Israel contra instalaciones nucleares iraníes.

La expansión del arsenal nuclear de China y el desarrollo de misiles hipersónicos, que reducen el “tiempo de decisión” de los líderes de 30 minutos a solo 5, aumentando el riesgo de una guerra por error.

Por otro lado, los expertos señalan un “Armagedón de información” donde la inteligencia artificial está siendo integrada en sistemas de comando nuclear sin regulaciones adecuadas. La revocación de iniciativas de seguridad de IA en EE. UU. y el bloqueo a regulaciones estatales amplifican el temor de que la IA facilite la creación de patógenos letales o “biología espejo” (formas de vida sintéticas incompatibles con la biosfera actual).

Además, a pesar de que 2025 fue el año más caluroso registrado, las emisiones globales siguen aumentando. El Boletín critica duramente el giro en las políticas de EE. UU., que ha priorizado los combustibles fósiles sobre las energías renovables, debilitando los esfuerzos multilaterales del Acuerdo de París.

Finalmente, la Junta de Seguridad cita un aumento del nacionalismo autocrático y un enfoque de gobernanza “orwelliano” en las grandes potencias. El mundo se ha dividido en un esquema de “nosotros contra ellos”, lo que impide la colaboración necesaria para resolver amenazas que no respetan fronteras.

Desde 1991, cuando el fin de la guerra fría movió las manecillas a 17 minutos para la medianoche, el reloj se ha acercado paulatinamente al ominoso horario. “El Reloj del Fin del Mundo es una metáfora de la cantidad de peligro en la que nos encontramos… pero todavía está bajo control humano mover las manecillas hacia atrás”, señaló Alexandra Bell, CEO del Boletín.

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