Aunque la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) está definiendo un mapa de ruta tecnológica del transporte, en el cual considera utilizar algas marinas para producir combustibles sostenibles de aviación (CSA), primero es necesario encontrar una solución económicamente viable para secar la materia prima, problema que hace que su producción sea más cara que la turbosina fósil, aseguró el presidente de la Iniciativa para los Combustibles Sostenibles de Aviación en México, A.C. (ICSA MEX), Alejandro Ríos.

El titular de la Iniciativa agregó que para impulsar el uso de CSA en el país, es importante el trabajo conjunto de autoridades, legisladores e industria, se desarrolle una política pública y se apliquen incentivos fiscales, con el objetivo de fomentar la inversión para escalar su producción industrial.

“Para lograr el despegue de los combustibles sostenibles de aviación en nuestro país, se necesitan políticas públicas e incentivos que una vez incorporados a la matriz energética, fomenten la inversión y el escalamiento de la producción, distribución y uso, para alcanzar precios competitivos respecto de la turbosina fósil comprada en el extranjero”, indicó Ríos.

El experto indicó que en México ya existen varios desarrollos apoyados por el gobierno federal, tales como una planta piloto para la producción de microalgas del Centro de Tecnología Avanzada del Estado de Querétaro, al igual que varias universidades y centros de investigación como el Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas o la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional, que cuentan con investigaciones orientadas a desarrollar algas marinas. 

En este sentido, hizo un llamado a que cualquier proyecto nacional de este tipo se una con investigadores de estas instituciones con el fin de compartir sus conocimientos y potenciar sus esfuerzos hacia la industrialización.

Durante la 77 Asamblea General Anual de la Asociación de Transporte Aéreo Internacional, fue aprobada la resolución enfocada en conseguir cero emisiones netas de carbono en 2050, y el uso de CSA podría contribuir a la reducción del 65% de las emisiones, puntualizó Ríos.

“Alcanzar la neutralidad en carbono para el año 2050, sin duda requerirá de más y mejores acciones. Considerando que el desarrollo de nuevos aviones y motores que funcionen con celdas de hidrógeno, así como bancos de baterías llevará tiempo ponerlos en el mercado, ya que se deben cumplir todos los protocolos de prueba y certificación para su operación segura. Alcanzar dicha neutralidad podría depender en mayor medida de otras alternativas”.