El 1 de octubre de 2025  se cumplió un año del gobierno de la primera mujer en encabezar la presidencia de México. Su  administración llegó con  la bandera de dar continuidad a la autollamada Cuarta Transformación, pero también con el reto  de imprimir un sello propio en materia económica;  no obstante, el lastre de la  administración anterior  será una pesada carga en  el logro de este objetivo. 

Los resultados macro económicos son limitados.  El crecimiento de los tres  primeros trimestres atribuibles a esta administración ha sido débil y se prevé un cierre de año nulo.  La inversión extranjera  directa no alcanzará las  expectativas y la nacional permanece estancada.  El empleo formal se encuentra estable, con baja  desocupación, pero alta  informalidad. El consumo perdió dinamismo: si  bien el gasto social sostuvo la demanda de los  hogares más pobres, la  inˌación en alimentos básicos redujo ese efecto. El  crecimiento sigue siendo insuficiente para absorber  la presión demográfica y  atender rezagos en salud,  educación y vivienda. 

En balance se mantiene la expansión del gasto social junto con una  estrategia más coherente  en política industrial y comercial. Aunque persiste  la defensa de la “soberanía económica”, el manejo  de la relación con Estados  Unidos y un entorno internacional caracterizado  por tensiones arancelarias  obligó al nuevo gobierno  a desplegar medidas diferenciadas de la administración anterior. 

Un importante reto  para la actual administración ha sido el regreso de Donald Trump en  enero de 2025 y la introducción de una política  comercial proteccionista; sus decisiones de re introducir aranceles generalizados para proteger  empleos manufactureros  impactaron de inmediato  a México, que optó por la  diplomacia logrando mitigar parcialmente los efectos, aunque se mantuvieron aranceles sobre  automóviles, acero, aluminio y cobre. 

En un buen intento  de política industrial se  lanzó el “Plan México”,  un esquema de  incentivos fiscales, infraestructura y financiamiento público-privado para atraer  inversiones en sectores  estratégicos y reforzar  el contenido nacional en  manufacturas. Se impulsan compras públicas dirigidas a empresas locales bajo el discurso de  “soberanía productiva”.  Sin embargo, la estrategia enfrenta limitaciones  financieras y escepticismo del sector privado,  que advierte sobre encarecimiento de insumos y  pérdida de competitividad  exportadora. 

Sin duda que un gran  lastre son y seguirán  siendo las deterioradas condiciones en que  se encuentran las ahora  denominadas “empresas  estratégicas de interés  nacional”; el costo de sostener a Pemex y CFE como  ejes estratégicos amenaza  con generar deuda contingente de alto impacto en las finanzas públicas. Además, las reformas  han reducido las facultades de los reguladores en  favor de la Secretaría de  Energía. Paralelamente,  se impulsa la generación solar y eólica, aunque bajo control estatal  a través de CFE. 

En materia presupuestal, el reto ha sido reducir  el déficit, pero las prioridades de gasto han incrementado presiones fiscales y la deuda del país  en aproximadamente 1.5  billones de pesos adicionales para 2025 y un presupuesto de 1.6 billones  de endeudamiento nuevo  para 2026, que representa  el 4.1 por ciento del PIB y  pone en riesgo la calificación de la deuda soberana y con ello, las finanzas  públicas. 

El primer año se mantuvieron programas sociales emblemáticos como  pensiones universales y  becas educativas, considerados intocables. El dilema es sostener el gasto  

social como herramienta  de legitimidad política y al  mismo tiempo convencer  a inversionistas y calificadoras de que la disciplina  fiscal no se ha perdido;  mientras tanto, los pagos  de intereses absorben una  proporción creciente del  presupuesto. 

A pesar del intento por  dar un cambio de orientación a la política económica diferenciándose  de la administración anterior, el ámbito político  no ha sido lo terso que se  pretendía. En cierta manera se empieza a pagar  la factura de las decisio nes anteriores con el surgimiento de escándalos  de corrupción, opacidad  y operaciones ilegales; la  incertidumbre que está  generando un nuevo poder judicial que arrancó  

con tropiezos, y la insuficiencia de los resultados  en materia de seguridad  que siguen erosionando  la actividad económica  cotidiana. 

En perspectiva, el  primer año ha sido difícil y controvertido.  Ciertamente la continui dad en el gasto social y la  centralidad del Estado reflejan la tradición de gobiernos de izquierda, em pero la inˌuencia de las  bases ancla del régimen  han desdibujado las deci siones y acciones que no  reˌejan un rumbo claro ni  una visión de largo plazo  certera en materia de política económica que genere crecimiento sostenible  y bienestar real. 

El autor es presidente de Consultores  Internacionales, S.C.® 

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