Con la muerte del jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG)  Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, en el municipio de Tapalpa, Jalisco, se acaba la sangrienta carrera de quien llevó a su apogeo a esta organización para convertirla en el mayor cártel criminal del mundo.

El Mencho vino de las filas de la policía en Jalisco a encabezar un grupo con un patrimonio de al menos 2,000 millones de dólares y empresas en decenas de países. El Mencho era un personaje temido por criminales y policías y residentes Fue el narco más buscado, con una recompensa de 15 millones de dólares para su aprehensión.

Se considera que CJNG tiene unos 19,000 miembros, 8,000 tropas fuertemente armadas y que opera en al menos 21 de los 32 estados mexicanos. La administración Trump ha designado al cártel como organización terrorista extranjera.

El operativo que llevó a la muerte de El Mencho se basó en inteligencia facilitada por Estados Unidos, reconoció la Secretaría de la Defensa mexicana. Y se debió a la presión de la administración Trump. El Presidente ha considerado enviar tropas estadounidenses para luchar en territorio mexicano, lo que para el país vecino es una afrenta a su soberanía nacional.

Lamentablemente, este no es el final sino el comienzo de un periplo de violencia desatada. La experiencia histórica demuestra que la aprehensión o muerte del líder de un cártel lleva a un período de incertidumbre con fracturas y sangrientas luchas por el poder, con el resultado de más violencia contra la población.

Con la muerte de El Mencho no termina entonces esta crisis que ha devastado a México durante décadas – a un costo de más de 120,000 muertos y 30,000 desaparecidos  desde 2006-  y contra la cual se han enfrentado varios presidentes.

Mientras que Andrés Manuel López Obrador prefirió abrazos a tiros – vale decir, invertir en las condiciones sociales que posibilitaron el surgimiento de los narcos – la Presidenta Claudia Sheinbaum marcó el retorno simultáneo a la ofensiva armada.  Esta se concentró durante meses en la lucha contra el Cártel del Golfo, dejando el campo relativamente abierto para el crecimiento de  CJNG.

El ataque ha provocado una reacción violenta en numerosas partes de la república mexicana. Efectivos del narco sembraron el caos incendiando bancos, automóviles y negocios. Bloquearon el tránsito automotriz en un centenar de carreteras federales y se enfrentaron a tiros con las fuerzas del orden, especialmente en Jalisco. Decenas de militares, miembros del cártel y civiles han muerto hasta ahora en los enfrentamientos. Esto está causando una paralización relativa de las actividades económicas, incluyendo el turismo, con escenas de estadounidenses tratando de salir del país.

Ayer, el Departamento de Estado afirmó que “la situación ha vuelto a la normalidad” en partes de México, pero llamó a los ciudadanos en sitios turísticos, incluidos Jalisco y Baja California, a continuar resguardándose en sus hogares u hoteles. Informó que ciudadanos que necesiten asistencia desde el extranjero, incluido México, pueden llamar al +1-202-501-4444, y desde Estados Unidos al +1-888-407-4747.

Ahora, México estará implicado en una guerra contra dos cárteles, y parecería inevitable que para lograr salir victorioso requerirá de más y más participación estadounidense. Así, una vez más, como tantas en nuestra historia, Estados Unidos podría arrastrarse a un conflicto en el que sabe cómo entrar pero no cómo salir.

Quienes más sufren la situación son los mexicanos, que están entre las víctimas de las drogas, el caos desatado por las luchas internas de los cárteles, y ahora un enfrentamiento de gran escala.

Hasta ahora, la lucha antidroga ha fracasado, tanto en nuestro país como en el resto del planeta.  Un informe de Naciones Unidas de 2023 halló que mientras que diez años atrás había 18 millones de adictos a la cocaína, el número creció a 25 millones. Las muertes por sobredosis de fentanilo, introducido desde México y cuyos componentes proceden especialmente de China (y cada vez más de la India), y otras drogas han hecho estragos aquí, y aunque la tendencia está a la baja, se calcula que el 9.2% de la población consume drogas ilegales.

La cooperación entre EE.UU. y México es primordial también en nuestro territorio, con el objetivo de disminuir la demanda y dar fin a una situación donde tenemos más de 1.8 millones de personas en las cárceles, el 43% de ellos por delitos relacionados con la droga.

Hechos como el recrudecimiento de la inseguridad en México en ese contexto tienen también una repercusión a nivel nacional. La pacificación, estabilidad y bienestar en el país vecino sigue siendo un interés estadounidense primordial.

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