Ernesto Zedillo cometió el error de diciembre que precipitó una problemática económica y crediticia que arrasó con la economía de muchas familias creando un efecto recesivo de largo alcance. Él ahora va por el mundo dando consejos sobre cómo manejar la economía.

Si bien el error se originó en la política irresponsable de Pedro Aspe, que dejó la economía colgada de alfileres (Aspe dixit), la ingenuidad y falta de oficio de Zedillo y su secretario de Hacienda, facilitó que se disparara la voracidad e irresponsabilidad de los bancos.

A final de cuentas, tal vez como podía esperarse de un neoliberal, Zedillo decidió “salvar” a los bancos. La otra opción era salvar a los ciudadanos, con lo cual, hubiera sido posible evitar la caída de los bancos, pero junto con los bancos, se pusieron a salvo empresarios y políticos. Zedillo le respondía a sus amos, no a la sociedad. Ellos se lo recompensaron con creces cuando optó por huir del país al terminar su gestión.

El recurso fue muy sencillo. Tomar la deuda privada de los bancos y malhechores que los acompañaron y convertirla en pública. Y se crea el FOBAPROA.

De entrada, se destinaron $52,000 millones de pesos que no se pueden terminar de pagar gracias a un mecanismo de “refinanciamiento perpetuo” propio del agiotismo. Hasta la fecha se han pagado casi dos billones de pesos y todavía se debe 1 billón 165 mil millones.

El gobierno asigna anualmente 52,000 millones de pesos (el monto original) que mitigan parcialmente los intereses acumulados, así el capital faltante y los intereses acumulados se capitalizan, lo que asegura que nunca se pueda pagar y los tenedores de bonos felices de la vida.

Los bancos extranjeros como BBVA, Santander, Citibanamex, HSBC y Scotiabank tienen una porción masiva de los bonos fobaproa (aunque ya les cambiaron de nombre); hay analistas que calculan que absorben entre el 40% y 50% de la tenencia total de esos instrumentos de deuda. Uno de cada cinco pesos de los intereses devengados por las carteras de deuda gubernamental proviene de estos bonos.

Esos bancos no hacen negocio apoyando el desarrollo, sino sangrando la hacienda pública. Se llevan sus ganancias a sus sedes, no los reinvierten en la economía del país.

La creación del Fobaproa fue una decisión política que ha tenido enormes consecuencias económicas para el país. Es hora de tomar la decisión política para corregir esta ancla financiera que legaron Zedillo y sus secuaces.

Los bancos y tenedores de bonos ya se han beneficiado lo suficiente con estos bonos. Es hora de cancelarlos.

Morena tiene el capital político para tomar una decisión de este tipo.

Sin duda que habrá una reacción de los bancos y de las instituciones multilaterales; además por supuesto, de las calificadoras. El gobierno sabrá renegociar con los bancos para que puedan permanecer en el país.

Podrá haber dos posibles consecuencias. Tirar la calificación de los bonos del Estado mexicano, que ya ahora están considerados como basura y pagan una tasa elevada, o sea que no se perdería mucho.

Recuperar capacidad financiera con el ahorro inmediato de 52,000 millones de pesos y la eliminación de una deuda futura de casi dos billones de pesos, que posiblemente recalifique los bonos mexicanos.

Habrá pataleo político internacional. La oligarquía mexicana se sumará, pero tal vez sea hora de sacar los expedientes del abuso que han cometido contra el país. Desde evadir pagar impuestos, hasta contaminar ríos sin remediar los daños.

Con voluntad política no hay nadie intocable. Sheinbaum podrá movilizar el capital político de Morena y de atreverse a limpiar la afrenta del FOBAPROA, estará dando muestras de su poder presidencial en favor del pueblo, y de la intención de empezar a construir otro futuro para México. Tal vez ese sea el segundo piso, del que, por cierto, ya no hablan.

@shmil50

Dejar respuesta

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí