George Baker, experto en energía y estudioso de la realidad mexicana me dice:
– ¿Por qué México no nombra en el gabinete presidencial a una civil en la secretaría de defensa y de marina?

Me tomó por sorpresa, así que evité responder de botepronto. La idea es audaz, radical y le respondo que sería verdaderamente revolucionario, cambiaría la ecuación de peso político de los militares en México.

Yo había sostenido la noción de que ya era hora de que los militares regresaran a sus cuarteles, por varias razones:

Si tenían que derrotar militarmente a los narcos, después de más de 20 años de acciones militares, han fracasado rotundamente, no saben hacer lo de ellos y los criminales ganan terreno dominando cada vez mayores extensiones territoriales.

El análisis de reducción de homicidios como avance contra el narco, posiblemente no se deba a la acción del ejército y los marinos. Y debe verse regionalmente, en zonas no violentas debe ser tema menor, no así en Sinaloa, Morelos, etc.

El presupuesto que reciben los militares es enorme y no los convierte en eficientes. En 2024 recibieron $365,644 mdp, en 2026 bajo a 236,676 pero sigue siendo elevado. Estas cifras incluyen subsidio a las actividades económicas controladas por el ejército y la marina.

Ese gasto es dispendioso.

Siendo un país pacífico, sin posibilidad de hacerle la guerra a nadie, además que de hacerla no hay garantía de ganar, tenemos fuerza aérea con cazabombarderos, marina con misiles tierra-aire, están abriendo una universidad del ejército y quieren su museo. Si no abaten a los criminales, ¿para qué quieren tantas armas?

El primer comentario de un colega en la universidad es sobre la militarización del país y no hay nada que la justifique. Mejor nos iría si se especializan como fuerza de atención de desastres, y una mínima capacidad militar, tal vez para cuidar fronteras y para marchar en los desfiles patrióticos. Privatizar o estatizar bajo mando civil el enrome aparato económico militar, porque además los rumores sobre corrupción en el ejército son fuertes y claros.

La sugerencia de Baker llevaba la mejor intención. De inmediato agregó: Así es en Estados Unidos, el secretario de la guerra es un civil, bastante descalificado, por cierto, pero le rinden cuentas los generales.

Y no por copiar al vecino del norte, pero la maduración institucional del país y el cambio de régimen que supone promover la 4T, justifica y amerita que los militares se sometan totalmente al control civil.

El hecho que la presidenta sea comandanta en jefe, no implica un control civil de los militares, sino que es un manejo formal y simbólico, que supone que la jefa de Estado, lo es también de las fuerzas armadas, pero en la mesa presidencial no se discuten temas de estrategia militar, aunque los militares participen en las reuniones de seguridad.

Los militares simbolicamente se subordinan y le prestan lealtad a la jefa de Estado pero hasta ahí llega la sumisión ante el poder civil. De hecho, llama mucho la atención la gran cantidad de llamados a la lealtad que los militares le han hecho a la presidenta Sheinbaum.

¿Por qué tanta insistencia? ¿Alguien sospecha de la falta de lealtad?

Un sometimiento militar a los civiles tendría varias consecuencias:

Terminar con la opacidad de los militares, tanto en los presupuestal, como en sus archivos.
Llevamos 12 años en que se ha clamado la apertura de los archivos militares sobre Ayotzinapa, para arrojar luz sobre esa tragedia, y los militares se niegan.

Rendirle cuentas al poder civil incluye que se sujeten a la acción de los tribunales civiles cuando hay una agresión militar contra civiles, aspecto al que se resisten.

Estas son solamente algunas de las consecuencias y consecuencias que resultarían de una acción audaz, nombrar a un civil secretario de la defensa y de marina, en efecto, sería un hecho revolucionario.
@shmil50

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