El Gobierno de México ha confirmado este lunes la muerte de un nacional entre las 69 víctimas mortales por el accidente de trenes en Urda (Toledo, España) del pasado 28 de octubre. En un comunicado compartido en redes, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) ha lamentado el fallecimiento. La Cancillería ha afirmado que ya presta “asistencia consular a los familiares que viajaron a ese país, y los está acompañando de forma permanente en las gestiones correspondientes que permitan la repatriación de los restos”.

El viernes pasado, la presidenta, Claudia Sheinbaum, dijo en su conferencia matutina que ocho mexicanos se encontraban en alguno de los dos trenes siniestrados. Siete de ellos resultaron heridos y uno más, “originario de Aguascalientes”, estaba desaparecido. El fallecido es Fernando de Jesús Calvillo, de 45 años, según han confirmado en redes su familia y amigos. Su primo Rodrigo Hernández se presentó la semana pasada en la comandancia de la Guardia Civil para que le tomen una muestra de ADN, según le confirmó a EL PAÍS.

Hernández sobrevivió por casualidad. Se quedó dormido y no pudo subirse al tren. Iba a viajar a Sevilla junto a su primo y su esposo, el estadounidense Lawrance Naff, además de un amigo afincado en Madrid. Estaban de vacaciones. Al final, solo se embarcaron Calvillo y su marido. La pareja se encontraba en el vagón ocho, uno de los más afectados. Sus asientos eran el 7C y el 7D. Naff resultó gravemente herido y los equipos de emergencia lo llevaron de urgencia al Hospital Mancha Centro.

En el momento del accidente, Naff tenía los ojos cerrados. Intentaba dormir cuando un golpe en seco lo empujó con fuerza debajo de maletas y de partes del vagón. Según recuerda, solo podía escuchar gritos. Llamó a Fernando. Pero nunca tuvo respuesta, informa Guillermo Abril. El mundo del arte lo unió con su esposo. Ambos se movían en el mismo círculo y vivían en Oklahoma (Estados Unidos). En un comunicado difundido en redes sociales, la Coalición de Artes Visuales de la ciudad se lamentó por el fallecimiento del mexicano, que trabajó como director de Relaciones con la Comunidad de la oenegé.

Antes de la confirmación de la SRE, el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Toledo y Ciudad Real informó el domingo que había identificado a 66 de los 69 fallecidos. Según los datos facilitados por el Centro Integrado de Datos (CID), hay 12 víctimas de diferentes nacionalidades: cuatro estadounidenses; una argentina; una canadiense; una checa; una francesa; una japonesa; una mexicana; una portuguesa; y una tunecina. Aún falta por reconocer a otras tres personas foráneas. Se mantienen activas tres denuncias por desaparición que pertenecen a dos australianos y un japonés.

La SRE ha agradecido al Gobierno español por el “apoyo recibido en los últimos días” para la búsqueda de los restos del mexicano fallecido. Hasta el momento, 53 de las 66 identificaciones se han hecho mediante huella dactilar, realizada por el Servicio de Criminalística de la Guardia Civil. Las restantes se han hecho por análisis de ADN, de acuerdo con la agencia Efe.

El CID ha explicado que “el procedimiento que se sigue una vez se identifica a la persona fallecida pasa, en primer lugar, por la notificación personal y presencial a la familia, y una vez que la notificación se ha realizado de manera fehaciente y no antes, se incorpora a la estadística oficial”. Por su parte, el Gobierno de Castilla-La Mancha —región en donde se encuentra el sitio del accidente— ha informado que 29 personas permanecen ingresadas en cuatro hospitales. De ellas, nueve se encuentran en cuidados intensivos.

España aún sigue conmocionada por el accidente. El siniestro del pasado miércoles es el segundo choque mortal entre dos trenes en nueve meses. En enero, el escenario fue Adamuz (Córdoba, Andalucía). Ahí murieron 46 personas. En este nuevo siniestro se han implicado un alta velocidad (AVE) de la empresa pública Renfe y un convoy de Iryo, de una firma privada. El primero alcanzó por detrás al segundo, lo que provocó el descarrilamiento de dos de sus vagones y su caída por un terraplén. Cuatro coches del AVE salieron de la vía.

Hasta el momento, la hipótesis oficial apunta a un error humano. En la mañana de la tragedia, los centros de mando registraron una caída en el sistema digital de seguridad. El protocolo dicta que, en casos como ese, se debe pasar a una operación manual. Lo que los investigadores aún no logran comprender es por qué el controlador en Atocha avisó a los trenes para que continuasen a velocidad normal ―más de 200 kilómetros por hora― cuando lo que debieron hacer es ponerse en marcha a unos 40 kilómetros por hora. El AVE recorrió 25 kilómetros en 17 minutos, hasta que se produjo el impacto con el Iryo, que no pudo arrancar.

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