El cuerpo de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, histórico dirigente de la izquierda mexicana, es despedido este jueves en un funeral en el Panteón Francés, en el poniente de Ciudad de México. Al acto fúnebre, privado, han acudido políticos de varios partidos y funcionarios públicos. La familia del fundador del Partido de la Revolución Democrática (PRD) —sus hijos Lázaro, Cuauhtémoc y Camila— han estado presentes en una de las capillas y han recibido el pésame y el reconocimiento de los asistentes. La presidenta, Claudia Sheinbaum, ha llegado alrededor de la una de la tarde entre las figuras que acuden a honrar al gran precursor de la transición democrática en México, lo mismo que la jefa de Gobierno capitalina, Clara Brugada.

Han acudido ya César Yañez, subsecretario de Gobernación y que acompañó a Cárdenas en la gira presidencial de 1988; Arturo Núñez, exgobernador de Tabasco, del PRD; el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard; la fiscal general, Ernestina Godoy; el exsecretario de Agricultura Julio Berdegué, y el exdiputado del PRD Javier González Garza. Por la enorme puerta del panteón han pasado autos con coronas fúnebres. “No serán suficientes todos los homenajes”, ha declarado la fiscal Godoy a su llegada.

Hijo del venerado presidente Lázaro Cárdenas del Río (1936-1940), referente del reparto agrario y la nacionalización petrolera, Cuauhtémoc Cárdenas murió la noche del miércoles a los 92 años. Sheinbaum ha dedicado esta mañana un segmento de su conferencia diaria a homenajear la trayectoria del Ingeniero, como se le conocía. La presidenta ha afirmado que el legado de Cárdenas fue “la honestidad y la democracia, la que viene de abajo, del pueblo”. El expresidente Andrés Manuel López Obrador, retirado de la política, reconoció en sus redes el rol de precursor de Cárdenas. “Fue un transformador; nos deja sus enseñanzas y los ideales que nunca mueren”, escribió. López Obrador y Sheinbaum militaron en el movimiento izquierdista que encabezó el Ingeniero, solo que este último nunca logró ser presidente (lo intentó tres veces).

En la figura de Cárdenas, que ya había sido gobernador de Michoacán, de donde era originario, cristalizó el ánimo de un país que, el siglo pasado, bajo el poder monolítico del PRI, anhelaba garantías democráticas. El Ingeniero, que militaba en el partido único, marcó distancia cuando la cúpula, acostumbrada al dedazo presidencial, nominó a la presidencia a Carlos Salinas, de cara a las elecciones de 1988. Cárdenas y otro grupo de priistas formó la Corriente Democrática, precursora del PRD. Contendió contra el candidato oficialista, y perdió, en lo que, en la memoria mexicana, fue el primer gran fraude contra la izquierda.

El Ingeniero intentó de nueva cuenta en 1994, y perdió de nueva cuenta contra el PRI. En 1997 cambió la estrategia: apostó al Gobierno de Ciudad de México (entonces Distrito Federal), más inclinado al progresismo, y se lo arrebató al partido hegemónico. Ese año fue crucial para la transición democrática: el PRI no solo perdió la capital, también la mayoría absoluta en el Congreso. La pluralidad democrática era irreversible.

En el 2000, último intento, perdió la elección, ahora contra el conservador PAN, que postuló a un candidato ultracarismático, que prometía conducir la añorada transición a la democracia y que terminó, al paso de los años, homologado al PRI. Se mantuvo el régimen, Cárdenas comenzó a tomar un lugar más discreto, más de pensador y de tótem, mientras el protagonismo de la lucha izquierdista recayó en López Obrador y luego en Sheinbaum. El gran Ingeniero ha sido despedido este jueves en el consenso unánime de que, sin su lucha, el país —su historia, su destino— sería distinto.

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