La mayor apuesta en seguridad del gobierno de Maru Campos finalmente entró en operaciones. Después de años de construcción, retrasos, polémicas y cuestionamientos, la Torre Centinela ya está inaugurada y ahora viene la parte verdaderamente importante: demostrar que funciona.
Porque independientemente de toda la grilla alrededor de cómo se construyó, quién participó, cuánto costó y las controversias que acompañaron al proyecto, la promesa del Gobierno del Estado fue bastante clara.
La apuesta consiste en concentrar información, tecnología, inteligencia y capacidad de decisión en un mismo punto, para reaccionar con mayor rapidez y atacar los delitos que más golpean a Ciudad Juárez y al resto de Chihuahua.
Y ahí los homicidios dolosos serán uno de los principales termómetros.
Maru y el secretario de Seguridad Pública Estatal, Gilberto Loya, colocaron buena parte de la estrategia de seguridad del sexenio sobre Centinela. Cámaras, sistemas de vigilancia, análisis de información y coordinación policial tendrán ahora que traducirse en resultados que puedan sentirse en las calles.
Ya no habrá construcción que esperar ni fecha de inauguración que recorrer.
La Torre ya está prendida.
Y políticamente el reloj también comenzó a correr.
Maru entra al último tramo de su administración y tiene aproximadamente un año para demostrar resultados antes de entregar el Gobierno del Estado. Eso convierte a Centinela en algo más que un edificio nuevo: será una especie de examen final para su política de seguridad.
Si los homicidios bajan, mejora la capacidad de reacción y las investigaciones producen resultados, la Torre puede convertirse en uno de los principales legados que Maru presuma al cerrar su administración.
Si eso no ocurre, la oposición tendrá una obra monumental para preguntarle dónde quedaron los resultados prometidos.



































