José Ramón Cossío le ha dado en el clavo. El ministro en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) escribió un tuit con la famosa frase que Churchill le dijo a Chamberlain a propósito de su política para apaciguar a Hitler: “Os dieron a elegir entre el deshonor o la guerra. Elegisteis el deshonor y ahora tendréis la guerra”.

Churchill, desde un principio, entendió que era imposible apaciguar a un personaje como el dictador alemán. Los británicos, con el fin de llevar la fiesta en paz, primero dejaron que reintrodujera la conscripción militar obligatoria prohibida por el Tratado de Versalles. Luego que rearmara Renania. Posteriormente, que Alemania se anexionara Austria. Y, finalmente, que se tragaran a Checoslovaquia. Entre más toleraban a Hitler, más tenía éste incentivos para seguir adelante. Cuando Alemania se lanzó a conquistar Polonia, quedó claro que era imposible apaciguar a Hitler. Iba por todo.

A un personaje terco y maximalista como Hitler sólo lo puede enfrentar y derrotar alguien igual de terco y maximalista como Churchill.

Desde que ganó la elección en 2018, muchos actores políticos en México han optado por apaciguar a López Obrador. Llevar la fiesta en paz para evitar su radicación y un enfrentamiento abierto que pueda afectar sus intereses.

Uno de esos personajes ha sido Arturo Zaldívar. Frente a la amenaza de AMLO de transformar radicalmente al Poder Judicial, el ministro presidente ha establecido una buena relación con Palacio Nacional. Ha realizado maniobras rocambolescas para apaciguarlo, como el caso de la consulta para enjuiciar a los expresidentes de la República. Ha acomodado a simpatizantes de Morena en el Poder Judicial y acompañado a López Obrador a actos donde no debía participar. En fin, se ha acercado a López Obrador consiguiendo algo muy importante: que sea él, Zaldívar, el redactor e implementador de la reforma al Poder Judicial.

Parecería, entonces, que el apaciguamiento funcionó, ahora que el Senado aprobó dicha reforma.

Sin embargo, de última hora, apareció un artículo transitorio que extiende el periodo del ministro presidente al frente de la SCJN por dos años más y de distintos consejeros de la Judicatura. Un transitorio en una ley secundaria que contraviene lo que ordena la Constitución.

Hay quienes piensan que detrás de esta maniobra está el propio Zaldívar. Que recibió este “premio” a cambio de entregar en definitiva el Poder Judicial a las órdenes de AMLO. Esto, huelga decirlo, sería un gravísimo atentado a la división de poderes de nuestra democracia.

Hay otros que creen que Zaldívar desconocía de la extensión de su periodo; que fue AMLO quien, a través de sus lacayos en el Congreso, plantó esta “manzana envenenada” que pone en un brete al presidente de la Corte. ¿Qué legitimidad tendría Zaldívar al defender la Constitución si él mismo la estuviera violando al aceptar una extensión de su periodo al frente de la SCJN?

¿Cuál de las dos versiones es la verdadera?

Difícil decirlo. Hay mucha especulación, pero el gran humo político que rodea el voto de última hora en el Senado impide ver lo que realmente está pasando.

Mientras tanto, resulta interesante analizar si es posible o no apaciguar a un personaje como López Obrador.

Parecería que sí. Zaldívar logró imponer su reforma al Judicial. Pero, ojo, AMLO va por más. Es clarísimo que quiere el control total de la SCJN. Y es que, políticos como el Presidente, se les da una mano, la toman y luego van por la otra. Después por las piernas, posteriormente por el torso, hasta que terminan adueñándose del cuerpo entero. Son maximalistas. No saben perder. Quieren ganar todas de todas.

Así sucede con los políticos que buscan concentrar el poder. Generalmente arropados por una ideología de la construcción de un nuevo hombre feliz, van desmantelando cualquier contrapeso que les estorbe a su proyecto concentrador de poder: el Legislativo, el Judicial, la oposición, los órganos autónomos del Estado, los medios, las organizaciones de la sociedad civil, la comunidad empresarial, los sindicatos, etcétera.

Es evidente que en ésas andamos.

 

 

 La política de apaciguamiento de Chamberlain de algo sirvió. Le permitió ganar tiempo a los aliados para rearmarse. Y sí, al final, hubo guerra y deshonra. En el caso entre López Obrador y la SCJN habrá dos posibles desenlaces. O la ignominiosa captura del Judicial por parte del Ejecutivo o el enfrentamiento entre los dos poderes. En última instancia, la política de apaciguamiento fracasará. Eso sí, Zaldívar, al igual que Chamberlain, habrá ganado tiempo. La pregunta es para qué.

 

Twitter: @leozuckermann